¡Oh ser humano! No te consideres a ti mismo como dueño de ti mismo. Porque tú no puedes sostenerte a ti mismo, esa carga es pesada. No puedes protegerte por ti mismo, no puedes abstenerte de las calamidades ni cumplir tus necesidades. En cuyo caso, no caigas en tormento en vano ni sufras, la propiedad pertenece a otro. Ese Malik es Kadir y también Rahim; apóyate en su poder, y no acuses su misericordia. Deja la angustia, disfrútalo. Tira la dificultad, encuentra la paz. También dice que este universo que tú lo amas espiritualmente, que estás relacionado, que te pones triste por su miseria y que no puedes mejorar, es la propiedad de un Kadir-i Rahim. Entrega la propiedad a su dueño, déjala a Él… no sufras su tormento, sino disfruta su placer. Él es Hakím y también Rahim. Maneja su propiedad cómo lo quiera Él. Cuando tienes temor, di como Ibrahim Hakki: “ Veamos que hace Mevla, lo que hace Él es bueno.” Observa por las ventanas, no interfieras en ellos.

¡Oh ser humano! No sufras por el cese del otorgamiento. Porque el tesoro de la misericordia es inagotable. Pensando en el cese del placer, no llores por ese dolor. Porque ese otorgamiento que es un fruto, es el fruto de una misericordia infinita. Si su árbol es eterno, a pesar de que el fruto se desaparece, viene otro en su lugar. Con agradecimiento, puedes pensar en un cumplido de misericordia que es cien grados más delicioso que ese placer, que está dentro del deleite del otorgamiento, puedes aumentar el placer desde uno a cien grados. Tal como dentro del placer de una manzana que un rey glorioso te regaló, alude y otorga un placer de un cumplido magnificente del rey, que está cien veces, tal vez mil veces superior que el placer de una manzana. Asimismo, con la palabra de لَهُ الْحَمْدُ , es decir con la alabanza y agradecimiento, es decir percibiendo el acto de otorgar desde el otorgamiento, es decir conociendo a Münim y pensando en su acto de otorgar, es decir pensando en el cumplido de Su misericordia, consideración de su compasión y permanencia de su acto de otorgar, abre a ti una puerta del placer espiritual, que es mil grados más placentero que el otorgamiento.