¡Oh ser humano! ¿Sabes a dónde vas y a dónde se te está mandando? Tal como se dijo en el final de la Trigésimo Segunda Palabra: Mil años de vida en el mundo no equivale a una hora de vida en el Paraíso, y también mil años de vida en el Paraíso no equivale a una hora de ver la belleza de un Cemil-i Zülcelal; estás yendo a la esfera de Su misericordia y al rango de Su presencia. Ustedes están yendo a la esfera de la presencia de un Mabud-u Lemyezel y un Mahbub-u Layezal, que toda la belleza y hermosura de todos los seres mundanos y todos los amados metafóricos de los que ustedes están enamorados, anhelados y aficionados, son un tipo de sombra de la manifestación de Su belleza y hermosura de Sus nombres, y todo el Paraíso con todas sus bellezas es una manifestación de Su misericordia, y todos los anhelos, amores, atracciones y apegos son un destello de Su amor. Ustedes se les están llamando al Paraíso, que es Su banquete eterno. En cuyo caso, entren en la puerta de la tumba no llorando, sino sonriendo.

Además esta palabra da buena noticia así; dice: “¡Oh ser humano! No alucinen ni piensen que estén yendo a la muerte, inexistencia, nada, oscuridad, olvido, pudrición, dispersión y sofocación dentro de la muchedumbre. Ustedes están yendo no a la mortalidad, sino a la eternidad. Se están mandando no a la inexistencia, sino a la existencia permanente. Están entrando no a la oscuridad, sino al mundo de luz. Están yendo hacia el verdadero Amo y Dueño, y están volviendo a la capital del Sultan-i Ezeli. No se ahogarán dentro de la muchedumbre, sino respirarán en la esfera de la unidad divina. Están girados no hacia la separación, sino al encuentro.